El estudio de las relaciones entre lenguaje y cerebro constituye un objeto que atañe a muchas y diversas disciplinas. Representa, sin duda, uno de los capítulos más relevantes en el desarrollo histórico de la Psicolingüística y conforma el núcleo principal de los actuales contenidos de la Neurolingüística y su estricta implicación en el tratamiento de los trastornos del lenguaje. Otras muchas perspectivas vienen a crear una visión polimórfica de estas relaciones entre el lenguaje y el cerebro, despertando, no sin inconvenientes, pues a veces se solapan aspectos temáticos en este estudio, una consideración muy completa si tenemos en cuenta los diferentes puntos de vista.
Una explicación de por qué el ser humano, frente a otros animales, posee “lenguaje” procede necesariamente del hecho de estar dotado de un cerebro distinto al de otras especies. Por otra parte, desde la perspectiva inversa, podríamos especular que el cerebro humano es diferente al de otros animales como resultado del empleo del lenguaje. Teniendo en cuenta la complementariedad entre estos enfoques, a la hora de tratar la relación entre cerebro y lenguaje, nos parece especialmente ineludible la conexión entre Psicolingüística y Neurolingüística.
La Neurolingüística trata de buscar correlatos entre la función y el cerebro, y se vale de los trastornos del lenguaje para descubrir pistas de estos correlatos. Según este planteamiento, todo el proceso de codificación y decodificación se plantea a partir de las disfunciones. Sin embargo, debemos insistir en que la Neurolingüística, al igual que la Psicolingüística, no estudia las
disfunciones en sí, sino que se aprovecha de ellas para sus propias conclusiones. Lo que sí podríamos plantearnos, siempre sin aventurarnos a una drástica separación entre ambas disciplinas -pues ya vemos que los límites de estudio son bastante difusos-, es, teniendo
en cuenta lo establecido en los presupuestos de base, si en este proceso de codificación y decodificación, aquello que compete realmente a la Neurolingüística es todo lo que se localiza físicamente en el cerebro, dejando para la Psicolingüística otros órganos implicados y, por supuesto, procedimientos de carácter más abstracto en lo que concierne a la capacidad mental del individuo.
Una explicación de por qué el ser humano, frente a otros animales, posee “lenguaje” procede necesariamente del hecho de estar dotado de un cerebro distinto al de otras especies. Por otra parte, desde la perspectiva inversa, podríamos especular que el cerebro humano es diferente al de otros animales como resultado del empleo del lenguaje. Teniendo en cuenta la complementariedad entre estos enfoques, a la hora de tratar la relación entre cerebro y lenguaje, nos parece especialmente ineludible la conexión entre Psicolingüística y Neurolingüística.
La Neurolingüística trata de buscar correlatos entre la función y el cerebro, y se vale de los trastornos del lenguaje para descubrir pistas de estos correlatos. Según este planteamiento, todo el proceso de codificación y decodificación se plantea a partir de las disfunciones. Sin embargo, debemos insistir en que la Neurolingüística, al igual que la Psicolingüística, no estudia las
disfunciones en sí, sino que se aprovecha de ellas para sus propias conclusiones. Lo que sí podríamos plantearnos, siempre sin aventurarnos a una drástica separación entre ambas disciplinas -pues ya vemos que los límites de estudio son bastante difusos-, es, teniendo
en cuenta lo establecido en los presupuestos de base, si en este proceso de codificación y decodificación, aquello que compete realmente a la Neurolingüística es todo lo que se localiza físicamente en el cerebro, dejando para la Psicolingüística otros órganos implicados y, por supuesto, procedimientos de carácter más abstracto en lo que concierne a la capacidad mental del individuo.

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